¿Qué es el nomos?
Eduardo Hernando Nieto
A raíz de una serie de comentarios en el blog respecto al problema del bien y del mal (esencial para la comprensión de lo que se llama metapolítica) quiero aclarar algunos aspectos del concepto Nomos (que a su vez empleo como título de mi blog). La precisión sobre el particular no solamente ayudaría a entender mejor el sentido de la llamada metapolítica sino también serviría para justificar mi oposición radical al liberalismo y al marxismo, ambas caras de una misma moneda – como diría Heidegger - que se llama ANOMIA.
Evidentemente quienes han leído mis textos anteriores sabrán que el problema de la anomia ha sido y es central dentro del debate filosófico político y lo que acabo de señalar no es novedad, por ejemplo ya en el siglo XIX Donoso Cortés había escrito sobre esta amenaza que se cernía sobre Occidente y en el siglo XX fue Carl Schmitt quien advirtió sin mayor fortuna lamentablemente sobre el peligro de la anomía.
Pero, ¿Qué significa la anomia? o, ¿quién es el anomos? . Para responder a estas preguntas podríamos dirigirnos entonces a cualquiera de los dos pensadores citados. Quizá, por la cercanía en el tiempo Schmitt sería el indicado, y una primera respuesta la obtenemos en la siguiente cita extraída precisamente de su texto El Nomos de la Tierra: “…Nomos en cambio procede de nemein una palabra que significa tanto “dividir” como “apacentar”. El nomos es, por lo tanto, la forma inmediata en la que se hace visible, en cuanto al espacio, la ordenación política y social de un pueblo, la primera medición y partición de los campos de pastoreo, o sea la toma de la tierra y la ordenación concreta que le es inherente a ella y se deriva de ella; en las palabras de Kant: la ley divisoria de lo mío y lo tuyo del suelo, o en la fórmula inglesa que es una puntualización adecuada: el “radical little” Nomos es la medida que distribuye y divide el suelo del mundo en una ordenación determinada, y, en virtud de ello, representa la forma de la ordenación política, social y religiosa. “[1]
Basta esta referencia de Schmitt para poder precisar algunas cosas, el nomos no es sino la definición y organización de un espacio que permite entonces identificar aquello que se encuentra allí, tal definición emanaría ciertamente de un acto de voluntad, en lenguaje de Schmitt de una decisión que separa y al hacerlo nombra. Así por ejemplo, se puede trazar una línea que distingue al amigo del enemigo, a un Estado de otro Estado (si la línea se convierte en frontera), la cámara alta de la baja, el espacio público y el doméstico y así sucesivamente.
Pero, ¿Qué pasaría si no existiese el nomos? , sin dudas que su ausencia generaría un grave problema de identidad y por ello también una falta de fines y de propósitos, si el espacio no se ordena entonces todo sería confuso y probablemente se estaría reflejando aquello que Hobbes imaginaba, un estado de naturaleza donde no existe la justicia.
Sin lugar a dudas, - y especialmente en el mundo moderno que ha olvidado su significado- el nomos ha sido objeto de múltiples desafíos, pues visto desde un ángulo significa por ejemplo el establecimiento de límites y por supuesto el hombre moderno nunca desea ser limitado, la sola presencia de restricciones rápidamente deviene en dictadura o totalitarismo para ellos. Al mismo tiempo, es muy común advertir en la ideología liberal ese temor a nombrar, a definir, a delimitar, a decidir, quizá llevados por el miedo que puede traer consigo el causar algún daño con su decisión [2] o por esa tendencia tan extraña a pensar que todo tiene que ser igual, es decir, sin diferencias, monocorde[3] . Igualmente, los marxistas o socialistas por muchos años levantaron las banderas de la anomia con su tesis de aniquilamiento del Estado (manifestación de la idea del nomos), del universalismo y de la sociedad sin clases que en buen cristiano sería “sociedad” sin nomos. (o sea anomia)
La existencia del nomos entonces garantiza la posibilidad de la convivencia (pacífica o polémica) y permite a su vez que pueda tener sentido palabras como autonomía o bienestar ya que si definimos a la autonomía como la posibilidad de desarrollar nuestra naturaleza, nuestros talentos, habilidades etc. si no tenemos una identidad clara entonces jamás lo podremos hacer, más aun, si reconocemos que el desarrollo de la autonomía requiere también de la cooperación de aquellos que son afines a nosotros y con los que compartimos lazos de amistad o de ciudadanía que bajo ningún punto de vista pueden ser universales como aboga el marxismo o el liberalismo puesto que como hemos dicho el nomos delimita definiendo de paso lo político.
Y entonces, ¿Quién es el anomos?, aquí si podríamos vincular esta discusión jurídica con la teología, pues el “anomos” o el “señor de la iniquidad” sería la manifestación del mal sobre la tierra, lo que comúnmente se llama el demonio, su labor no sería otra que la borrar o alterar la línea del nomos , acabándolo o desvirtuándolo o peor quitándolo de nuestro vocabulario, y la manifestación de su señorío estaría dado por este reino de la indefinición, de la no concreción, de la confusión y de la irresponsabilidad, así pues, toda acción destinada a este propósito podría ser considerada como obra del maligno. Evidentemente mencionar estas cosas generarán hilaridad entre las huestes liberales y marxistas, sin embargo, ese es precisamente el juego del anomos, el de la banalización del bien y del mal.
[1] SCHMITT, Carl. El Nomos de la Tierra en el Derecho de Gentes del “Jus publicum europaeum”, Madrid, CEC, 1979, p.53.
[2] Aquí recuerdo lo que decía Donoso es su crítica al liberalismo con el ejemplo de Pilatos que antes de escoger entre Barrabás o Jesucristo se lava las manos y traslada la decisión final al pueblo, ¿por qué no decidió Pilatos? Seguramente para evitar la responsabilidad de cualquiera decisión que hubiese tomado.
[3] Por eso, esa delicadeza al nombrar al ENEMIGO como ADVERSARIO, es decir, como alguien esencialmente igual a uno pero que disiente en algunos aspectos con respecto a nosotros. Por lo tanto, el adversario podría ser educado o “resocializado” si es que sus conductas resultan demasiado dañinas para la sociedad.
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